A lo largo de los primeros años de vida, los peques evolucionan a un ritmo asombroso. Desde la forma en la que sostienen la cabeza hasta sus primeros pasos, todo este proceso forma parte del desarrollo motor infantil, un viaje lleno de aprendizajes que nos da muchísimas pistas sobre cómo está madurando su sistema nervioso.
En la unidad de Fisioterapia Infantil de Clínica Montaño Herrera, donde trabajan juntas Elena Fernández y Paula Pérez, acompañamos a familias que desean entender cada etapa, detectar posibles señales de alerta y ofrecer a sus hijos la estimulación temprana adecuada en caso de necesitarla.
¿Qué es el desarrollo motor infantil y por qué es tan importante?
El desarrollo motor infantil hace referencia a la adquisición progresiva de habilidades de movimiento y control postural. Es un proceso natural, pero no siempre avanza igual en todos los niños. Observarlo de forma continua nos permite identificar si existe algún retraso motor o si todo evoluciona como esperamos. Estas habilidades no solo son importantes para que el bebé aprenda a moverse: también influyen en su bienestar emocional, su exploración del entorno y su futura autonomía.
Desarrollo motor grueso vs. desarrollo motor fino
Aunque a veces se confunden, el desarrollo motor grueso y el fino no son lo mismo:
- El motor grueso incluye grandes movimientos como mantener la cabeza, rodar, sentarse o caminar.
- El motor fino engloba acciones más delicadas como agarrar objetos, manipular juguetes o señalar.
Ambos avanzan a velocidades distintas, pero suelen estar relacionados. Un buen control corporal facilita después habilidades más precisas.
Cómo evoluciona el movimiento en los primeros años
El movimiento del bebé progresa de arriba a abajo y de dentro hacia fuera. Primero controla la cabeza, luego el tronco, más tarde las piernas y brazos… y, finalmente, los movimientos más pequeños. Esta progresión natural es la base de los hitos motores y nos indica si el sistema nervioso está madurando correctamente.
Hitos del desarrollo motor por edades
Cada niño tiene su propio ritmo, pero existen referencias que nos orientan sobre lo esperado en cada etapa. Cuando observamos que un peque no avanza en varios hitos durante un tiempo, es importante valorar si necesita apoyo.
Primer semestre de vida (0–6 meses): control del cuerpo y primeras posturas
En los primeros meses, el bebé empieza a sostener mejor la cabeza, a levantarla boca abajo y a coordinar sus movimientos. Aparecen los primeros giros, las manos se abren más y comienza una mayor intención para explorar el entorno. Aquí es fundamental ofrecer oportunidades de movimiento y superficies seguras para practicar.
Segundo semestre (6–12 meses): giro, sedestación, gateo e inicio de la marcha
Entre los 6 y los 12 meses, observamos grandes avances: el peque gira a ambos lados, se mantiene sentado sin apoyo, se desplaza gateando o arrastrándose y empieza a ponerse de pie con ayuda. Más adelante, llegará la marcha independiente. Esta etapa es enorme en cambios y nos da muchísimas señales sobre posibles retrasos motores.
De 1 a 3 años: caminar, correr, subir escaleras y afinar el equilibrio
A partir del año, el niño gana soltura al caminar y poco a poco incorpora nuevas habilidades: corre, salta, empuja objetos, sube escaleras o intenta atrapar pelotas. Entre los 2 y 3 años mejora notablemente el equilibrio y aparece una coordinación más clara entre brazos y piernas. Es una etapa clave para detectar alteraciones de la marcha o dificultades en la estabilidad.
Señales de alerta: ¿cuándo consultar a un fisioterapeuta infantil?
Aunque cada peque tiene su propio ritmo, hay señales que nos indican que podría necesitar una valoración.
Retrasos en hitos clave según la edad del niño
Si un bebé no sostiene la cabeza con firmeza pasados los 3 meses, no gira cerca de los 6 meses o no intenta desplazarse de ninguna forma cerca de los 9–10 meses, conviene revisarlo. También si la marcha no aparece alrededor de los 18 meses o si deja de hacer habilidades que ya tenía adquiridas.
Posturas o movimientos que debemos vigilar
Posturas muy rígidas, preferencia por girar siempre hacia el mismo lado, falta de simetría en piernas o brazos, caminar de puntillas o una alineación extraña durante la marcha son señales que merecen una valoración profesional.
Qué puede hacer la fisioterapia infantil para ayudarte
La fisioterapia infantil nos permite evaluar el desarrollo del niño y diseñar un plan de estimulación temprana adaptado a sus necesidades. Trabajamos el tono muscular, la coordinación, la movilidad, la postura y la autonomía para que el pequeño avance de manera segura y respetuosa.
Durante los tres primeros años de vida es cuando más avanza el niño a nivel global. El área motora no va “por libre”: es la base sobre la que se apoyan otras áreas fundamentales como el desarrollo cognitivo, social y del lenguaje. Para que todo lo demás progrese, el movimiento tiene que estar bien acompañado y estimulado.
Existe evidencia científica que señala que una estimulación temprana bien guiada durante los tres primeros años de vida puede mejorar hasta en un 30 % el cociente intelectual que ese niño podría desarrollar en el futuro. Más allá del número concreto, lo realmente importante es el concepto que hay detrás: los primeros años son una auténtica ventana de oportunidades.
Hablamos de los conocidos primeros 1.000 días de vida, un periodo clave en el que el cerebro presenta la mayor plasticidad neuronal. En estos días se están creando, organizando y fortaleciendo las conexiones entre neuronas. De hecho, se estima que durante los primeros meses de vida se forma alrededor del 70 % de las conexiones nerviosas que tendremos en la edad adulta. El porcentaje restante se va completando en los tres primeros años, quedando solo una pequeña parte para etapas posteriores como la infancia tardía o la adolescencia.
Por eso decimos que estos primeros años son los más importantes para la construcción del niño en todos los sentidos. No se trata únicamente de intervenir cuando existe un retraso en el desarrollo, sino también de acompañar a las familias que desean potenciar al máximo el desarrollo de su peque, ofreciéndole un entorno rico en movimiento, experiencias y oportunidades.
En este sentido, consultar con profesionales de fisioterapia infantil permite orientar a las familias sobre cómo favorecer ese entorno óptimo: cómo colocar al bebé, cómo jugar con él, qué estímulos ofrecer y en qué momento. Todo ello con un único objetivo: que la creación de su cerebro, de su sistema nervioso central y de sus futuras capacidades se realice de la forma más saludable y completa posible.
Si tienes dudas sobre el desarrollo de tu hijo o quieres una valoración personalizada, en Clínica Montaño Herrera estaremos encantados de acompañaros.
Puedes pedir cita llamando al 744 60 56 94 o a través del formulario en nuestra web. Estamos aquí para ayudaros a que vuestro peque crezca con el movimiento que necesita.
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