Cuando una familia llega a consulta con un bebé en brazos y nos dice “lo notamos blandito” o “nos da la sensación de que no se mueve como otros niños”, detrás suele haber preocupación, dudas… y muchas ganas de hacerlo bien.

La hipotonía infantil es una de las consultas más habituales en fisioterapia pediátrica en Herrera y, la verdad es que, entenderla bien ayuda mucho a bajar miedos y a tomar decisiones con calma. 

Desde nuestra experiencia como fisioterapeutas infantiles en Clínica Montaño Herrera, queremos explicarte qué es, por qué aparece y cómo la fisioterapia puede marcar la diferencia.

La hipotonía o hipotenía hace referencia a una disminución del tono muscular. Dicho de forma sencilla, hablamos de músculos que ofrecen menos resistencia al movimiento y que se sienten más “flojos” al tacto. Cuando existe hipotonía muscular, el cuerpo necesita más esfuerzo para mantener posturas o iniciar movimientos.

Este bajo tono muscular no es una enfermedad por sí misma. Es más bien una señal de que algo en el desarrollo necesita apoyo. A veces es algo transitorio; otras, requiere un acompañamiento más prolongado. Y es que no todos los tonos bajos se comportan igual ni tienen el mismo significado.

En la hipotonía en bebés, los signos suelen aparecer muy pronto. Padres y madres nos cuentan que al cogerlos parecen “escurrirse”, que les cuesta sostener la cabeza o que pasan mucho tiempo tranquilos, casi demasiado. En la hipotonía del lactante, también es frecuente observar poco empuje con brazos y piernas o dificultad para mantenerse boca abajo.

En la hipotonía en niños algo más mayores, las señales cambian. A veces hablamos de niños que se cansan rápido, que se sientan encorvados, que evitan juegos físicos o que parecen menos coordinados que otros de su edad. No es falta de ganas, muchas veces es su cuerpo pidiendo ayuda.

Las causas de la hipotonía infantil son variadas. En algunos bebés está relacionada con la inmadurez del sistema nervioso, especialmente si han nacido antes de tiempo. En otros casos, puede asociarse a condiciones neurológicas, genéticas o metabólicas.

También existe la hipotonía llamada “benigna”, en la que el niño evoluciona bien con el tiempo y el acompañamiento adecuado. Por eso, más que buscar etiquetas rápidas, nos centramos en observar al niño, entender su historia y ver cómo responde a la intervención.

El tono muscular es como la base de una casa: si es débil, todo lo demás cuesta un poco más. La hipotonía infantil puede influir en hitos como sostener la cabeza, girarse, sentarse o empezar a caminar.

Con un tono muscular bajo, el cuerpo necesita más esfuerzo para estabilizarse. Esto puede traducirse en movimientos más lentos, menos precisos o en una mayor fatiga. No significa que el niño no vaya a conseguirlo, sino que probablemente necesite más tiempo y un buen acompañamiento.

Cuando las dudas aparecen, lo mejor es no quedarse con ellas. Consultar con un profesional permite valorar si ese bajo tono muscular entra dentro de la variabilidad normal o si conviene intervenir.

En la valoración observamos cómo se mueve el niño, cómo reacciona a los cambios de postura, cómo usa su cuerpo. No miramos solo músculos, miramos al niño o niña en conjunto. Y eso, muchas veces, ya aporta tranquilidad a la familia.

Es más, los fisioterapeutas especializados en pediatría tienen test de valoraciones específicos para objetivar qué tipo de hipotonía y qué tipo de grado presenta el pequeño. 

Aquí es donde la fisioterapia infantil cobra especial sentido. En casos de hipotonía muscular, nuestro objetivo no es “forzar” movimientos, sino despertar el interés del niño por moverse, explorar y probar.

A través del juego, las posturas y el movimiento activo, ayudamos a mejorar la estabilidad, la fuerza funcional y el control corporal. Incluso cuando las familias buscan información sobre tono muscular bajo, lo importante es entender que cada niño necesita un plan adaptado a su momento evolutivo.

La estimulación temprana bien dirigida puede marcar un antes y un después. En niños con hipotonía, la fisioterapia favorece un movimiento más eficiente, evita compensaciones y mejora la confianza del pequeño en su propio cuerpo.

Además, trabajar desde edades tempranas facilita que el niño se sienta capaz. Y cuando un niño se siente capaz, se mueve más, prueba más y aprende mejor. Así de sencillo y así de importante.

La evolución de la hipotonía infantil no es lineal. Hay etapas de grandes avances y otras más tranquilas. Por eso, el seguimiento es clave.

Revisar periódicamente cómo progresa el niño nos permite ajustar objetivos, cambiar estrategias y acompañar cada nuevo logro, por pequeño que parezca. Porque a veces, levantar la cabeza un segundo más ya es un gran paso.

Te dejamos algunas recomendaciones y consejos a realizar por los padres, tanto en casa como en el exterior:

  • Favorecer el entorno para posibilitar esos movimientos de forma voluntaria. Aunque a los peques les cuesta trabajo, es interesante exponerle al ejercicio durante cortos periodos de tiempo para no generar mucha frustración. Es decir, periodos de ejercicios cortos pero muchas veces al día.
  • Colocar a tu bebé boca abajo muchas veces. Si ves que el peque no aguanta, elévalo con un cojín debajo de los antebrazos.
  • Ponte siempre a la altura de su cara.
  • Ponle objetos y juguetes de su interés.
  • Si tu hijo o hija es un poco más mayor y quieres que aprenda a saltar o a correr, exponlo a parques infantiles. Súbelo en el tobogán o al columpio.

Cada niño tiene su propio ritmo, su historia y su forma de relacionarse con el movimiento. Por eso creemos firmemente en un abordaje individualizado y en equipo. En Clínica Montaño Herrera, trabaja Elena Fernández y Paula Pérez, fisioterapeutas infantiles, siempre en contacto con la familia y, cuando es necesario, con otros profesionales.

Un buen seguimiento del pequeño paciente es clave para su evolución y bienestar. Si tienes dudas sobre la hipotonía en bebés, la hipotonía en niños o el desarrollo motor de tu hijo, estaremos encantadas de acompañarte en este proceso.

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