En verano es muy frecuente notar los pies más pesados, calientes o incluso algo inflamados al final del día. 

En Clínica Montaño Herrera vemos esta consulta con bastante frecuencia cuando suben las temperaturas, pasamos más horas de pie o cambiamos nuestro calzado habitual por sandalias demasiado planas. Muchas veces es una molestia puntual, pero conviene entender por qué ocurre para aliviarla bien y prevenir que se repita.

Cuando hace calor, los vasos sanguíneos se dilatan para ayudar al cuerpo a regular la temperatura. Ese proceso puede dificultar el retorno venoso, es decir, que la sangre vuelva desde los pies hacia el corazón con la misma facilidad. Como consecuencia, puede acumularse líquido en la parte baja del cuerpo y aparecer los pies hinchados por calor.

A esto se suman otros factores muy habituales: pasar muchas horas sentado, estar demasiado tiempo de pie, beber poca agua, abusar de la sal o usar un calzado que no sujeta bien. Todo ello favorece la retención de líquidos y la sensación de pesadez.

No siempre vemos una inflamación muy clara. A veces empieza con señales pequeñas: pesadez al caminar, marcas del calzado o de los calcetines, molestia al final del día o un leve aumento de volumen en dedos, empeine o tobillos.

Permanecer demasiado tiempo en la misma postura empeora el problema. Nos ayuda levantarnos cada cierto tiempo, caminar unos minutos y hacer movimientos de tobillo. También suele venir bien elevar los pies unos minutos al llegar a casa.

En verano solemos recurrir a chanclas o sandalias muy planas. El problema es que, si no sujetan bien, favorecen la fatiga. Lo ideal es elegir un zapato fresco, transpirable y estable. Sobre este tema, puede interesarnos leer también nuestro artículo sobre calzado barefoot o respetuoso, donde explicamos qué debemos valorar antes de comprar.

Aunque parezca contradictorio, beber poca agua favorece la retención de líquidos. Mantener una buena hidratación durante el día es clave. También conviene moderar el exceso de sal y priorizar alimentos frescos.

Un baño de agua fresca o una ducha con agua templada tirando a fresca en los pies puede aliviar bastante. No hace falta aplicar frío extremo.

Si la hinchazón es frecuente, muy marcada o aparece junto con dolor, cambios de color, hormigueo o sensación de adormecimiento, conviene estudiar la causa. En esos casos no solo hablamos de calor o cansancio. De hecho, si además notas alteraciones de sensibilidad, te recomendamos leer nuestro artículo sobre parestesia o sensación de hormigueo en los pies.

También puede ayudarte nuestro contenido sobre pies cansados o inflamados, ya que muchas veces ambas molestias van de la mano y requieren pequeños cambios en la rutina diaria.

Si un zapato roza, aprieta o no estabiliza, el pie sufre más.

Que sea frecuente en verano no significa que debamos ignorarlo si se repite mucho o empeora.

Si hay inflamación persistente, debemos buscar la causa antes de tratarla por nuestra cuenta.

Sí, es una molestia común, especialmente en días muy calurosos o tras muchas horas de pie. Aun así, si sucede con frecuencia, conviene valorarlo.

Caminar unos minutos, elevar los pies, beber agua, evitar el exceso de sal y usar un calzado más adecuado suele ayudar bastante.

Cuando la hinchazón es repetitiva, dolorosa, aparece solo en un pie o se acompaña de hormigueo, cambios de color o molestias al caminar.

En muchos casos sí, sobre todo si son demasiado planas o no sujetan bien. El pie trabaja más y se fatiga antes.

En Clínica Montaño Herrera, en Herrera (Sevilla), valoramos cada caso de forma personalizada para encontrar el origen de la molestia y ayudarte a caminar con más comodidad durante todo el verano. Estamos en C/de la Senda, nº3 y puedes pedir cita en Podología llamando al 698 90 90 79.

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